Sembró la semilla de la Generación Dorada, trajo al país a Magic Johnson y busca futuras estrellas del básquet: la nueva vida de Guillermo Vecchio

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Guillermo Vecchio
Guillermo Vecchio llevó su reconocido Campus de básquetbol al club Vélez Sarsfield (Prensa Vélez)

“Si no hago nada me desespero, esto para mí es una pasión”. Así sintetiza Guillermo Vecchio su labor en el básquet. El entrenador de 62 años, que plantó las bases de la Generación Dorada y anticipó la llegada de algunos integrantes de aquel equipo a la NBA cuando eran juveniles, continúa trabajando sin descanso trabajando en la formación de jugadores y se ilusiona con que el deporte de la pelota naranja pueda retomar el camino que alguna vez recorrió y tantas buenas cosechas le dio a la Argentina.

El Coach, como lo llaman sus cientos de alumnos, se dedica a tiempo completo a sus academias de básquetbol, ancladas en Miami desde hace 12 años. El técnico de dilatada trayectoria eligió distanciarse de su último club, Pioneros de los Mochis, en México, para atender los asuntos que más lo movilizan: la detección de nuevos talentos. En los campamentos que organiza, y que son marca registrada en el baloncesto, pasan unos 200 chicos de entre 10 y 18 años de todo el mundo que se entrenan como deportistas de alto rendimiento con tecnologías y técnicas que utilizan las estrellas de la NBA, como el neuro-entrenamiento, planes de nutrición y bloques de lanzamiento, defensa y ataque.

“Comenzamos en enero, febrero y marzo, con nueve días de entrenamientos. Tenemos entrenadores de la NBA que trabajan personalmente con algunos jugadores. También viajamos con dos equipos a Europa, donde jugamos seis partidos en Cataluña durante diez días y vamos a ver la Liga de España. En junio, julio y agosto jugamos un torneo en Orlando en el cual han pasado figuras de la NBA como Shaquille O’Neal, LeBron James, Stephen Curry y pudimos salir campeones después de nueve años”, contó Vecchio con entusiasmo a Infobae en el comienzo de la charla que duró más de una hora.

Entre los basquetbolistas que forma junto a su staff de entrenadores hay argentinos y se emociona al contar el caso del tucumano Felipe Palazzo, quien llegó al equipo de la Universidad de Oregon State en la prestigiosa NCAA. “Lamentablemente hay muchos argentinos y lo digo así porque el nivel del básquet en el país bajó mucho y eso nos ha llevado a tener el éxito con las academias. Noto que hay una falencia grande en enseñar los fundamentos en clubes porque no tienen el espacio y la carga horaria para poder ocuparse de los chicos. Hay otras actividades y un solo gimnasio, por lo que el coach no tiene el tiempo necesario para desarrollar a un jugador como corresponde. Eso hace que los chicos busquen otro espacio para progresar. De hecho, me llaman cuando se enteran que estoy en Argentina para entrenar”, analiza el DT campeón del mundo con Obras Sanitarias en la Copa Williams Jones de 1985.

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Guillermo Vecchio con un juvenil Pepe Sánchez en uno de sus entrenamientos (Instagram @coachvecchio)

Según su visión, el déficit para que el talento argentino de el salto de calidad se explica con el bajo nivel de la Liga Nacional, una competencia que ha perdido la potencia de otras épocas en la cual era la vidriera de los talentos emergentes. “La veo desmejorada. Creo que está muy deteriorada. Cuesta entender cómo antes era una liga para desarrollar jugadores y hay jugadores de 40, 41 y 42 años que están jugando todavía. Es duro decirlo porque uno vive de esto y ha trabajado durante muchos años ahí, pero se hace difícil seguirla”, reconoció Vecchio, quien por el momento no tiene intenciones de regresar a la Argentina a dirigir, no sólo por la situación económica del país, sino por la carencia de un proyecto deportivo que lo seduzca.

Precisamente, la Liga que llevó adelante León Najnudel en 1984 fue un modelo de competencia que varios deportes tomaron como ejemplo para llegar a todo el país. Vecchio reconoció que en la Argentina hay talento suficiente y recordó cuando estuvo a cargo de las selecciones juveniles (ganó la medalla de bronce en el Mundial de Edmonton, Canadá, en 1991 al vencer a Yugoslavia) que dieron paso a la generación de jugadores que alcanzó la cima: “Del 90 al 94 el CeNARD era la fábrica porque nos pasábamos horas entrenando. Ahí veía que estaban hechos de otra cosa. No llegaron por casualidad, lo buscaron. Fueron el pilar de lo que vino después”. De ese grupo asomaban figuras que se colgaron la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Atenas como Alejandro Montecchia y Rubén Wolkowyski.

De sus dirigidos en el proceso formativo de la Selección, el técnico que ganó la medalla dorada en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata 1995, rememora algunas historias, como cuando llevó a Luis Scola a un Mundial juvenil en Grecia con 14 años o el día que descubrió el talento de Fabricio Oberto en un campeonato argentino en River Plate al notar el movimiento de pies del pivote de Las Varillas, que jugaba pocos minutos en la selección de Córdoba.

“Me acuerdo una anécdota con Pepe Sánchez. Se vino de vacaciones con mi familia. Estábamos en Cancún y cuando íbamos caminando por la playa me contó que Estudiantes de Bahía Blanca le ofreció un buen contrato por dos años y que la Universidad de Temple (Estados Unidos) le daba la chance de ir a estudiar allá. Me acuerdo que me pidió un consejo y yo le respondí: ‘¿Para qué querés un consejo si ya sabés la decisión?’ Siempre me recuerda cuando le decía que iba a jugar en la NBA”, soltó el coach.

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Guillermo Vecchio dirigió en las ligas de Arabia Saudita y Bahrein

Entre sus andanzas por el mundo como entrenador de básquet, Vecchio ha acumulado varias millas y además de dirigir selecciones nacionales como Argentina, Venezuela, México, Panamá y Chile, pasó por el banquillo en ligas exóticas como la de El Líbano, Chipre, Arabia Saudita y Bahrein. En los países de Medio Oriente vivió situaciones insólitas: desde el rezo de los jugadores en la charla técnica previa a la final, hasta la imprevista muerte de uno de sus dirigidos en el entretiempo de un partido.

“Creo que lo más extraño fue convivir con una cultura en la que tenés que poner por encima lo político, lo social y lo religioso. Por ejemplo, en Bahrein, antes de la final del campeonato que terminamos ganando, en la charla previa llegó el momento del rezo y tenía jugadores de distintas religiones con horarios diferentes para orar. Así que nunca pude dar la charla técnica porque tenía a nueve jugadores rezando. También, en Yeda, Arabia Saudita, me tocó dirigir un partido con un solo espectador en un estadio para diez mil personas. Ahora en los clásicos se llenan las canchas y cambió mucho porque permiten que las mujeres puedan ir. Otra que pasó fue que se me murió un jugador en el entretiempo. Se descompensó y empezó a echar espuma por la boca. El mánager del equipo me dijo: ‘Si Alá quiere que muera, así será’. Llamaron a la emergencia, pero ya estaba muerto”, recordó.

Por último, otro de los capítulos más interesantes de su vida fue su llegada a la NBA como caza talentos de los Detroit Pistons en 2003. Las puertas comenzaron abrirse de para en par cuando trajo por primera vez a la Argentina a Magic Johnson, la estrella de los Lakers, en 1996 y casi logra lo mismo con Michael Jordan. La oportunidad fue casi de casualidad y el destino quiso que fuera el reemplazante nada más ni nada menos que de Phill Jackson, quien no pudo asistir a un evento en Río de Janeiro. “Me llamó una de las vicepresidentas de la NBA cuando estaba en México y me dio la noticia. Me fui volando. Cuando llegué ahí, era el novato de los entrenadores y me ofrecieron trabajar en Detroit Pistons y en Denver Nuggets. Terminé cerrando en Detroit como scout. Después me dijeron que si quería seguir en la NBA no podía dirigir básquet internacional y opté por no continuar porque no se me daba la posibilidad de pasar a asistente”, cerró.

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Guillermo Vecchio junto a Fabricio Oberto y Alejandro Montecchia, dos jugadores que pasaron por la Generación Dorada y fueron dirigidos por el entrenador en la etapa de juveniles (Instagram @coachvecchio)

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